La última cena del Sr. Belmonte [[Empezar la historia]] Era una noche tormentosa cuando el detective León Ortega llegó a la Mansión Belmonte. Lo habían llamado con urgencia tras la misteriosa muerte de Eliseo Belmonte, patriarca de una de las familias más influyentes del país. Eliseo fue hallado muerto en su estudio, horas después de una cena familiar celebrada por su cumpleaños número 78. Todos los herederos estaban allí. Todos tenían algo que ganar. O algo que esconder. ¿Qué desea hacer el detective? [[Entrar a la mansión e interrogar a los presentes|Vestíbulo]] [[Explorar primero el lugar del crimen|Estudio]] El estudio está en orden, pero hay detalles inquietantes: * Un libro antiguo en el escritorio, con la última página arrancada. * Un vaso de cristal medio lleno. * El reloj de bolsillo de Eliseo, detenido exactamente a las 10:17 p.m. En el suelo, marcas de barro fresco. Alguien entró por el jardín. ¿Qué examina más de cerca? [[Revisar el libro|Libro]] [[Inspeccionar las huellas de barro|Huellas]] [[Volver al vestíbulo|Vestíbulo]] La mansión huele a madera vieja y flores marchitas. Los cinco herederos esperan en el vestíbulo: * Tomás, el nieto favorito y libertino. * Marina, la hija menor y abogada de la familia. * Hugo, el hermano resentido de Eliseo. * Camila, la enfermera personal del viejo. * Isabel, la hija mayor y religiosa. Todos miran con desconfianza al detective. Nadie parece triste. Solo inquietos. ¿A quién interroga primero? [[Hablar con Marina, la hija menor|Marina]] [[Hablar con Camila, la enfermera|Camila]] [[Explorar el estudio de Eliseo|Estudio]] Marina cruza los brazos y lo mira con frialdad. —“Yo no lo maté. ¿Cree que me beneficiaría? Mi padre apenas me dejó en el testamento.” Dice que se retiró temprano esa noche, pero no tiene coartada. ¿Confiar en su versión? [[Sí, por ahora|Vestíbulo]] [[No, investigar más sobre ella|Cocina]] Camila está nerviosa. Juega con sus uñas. —“Eliseo me dijo que temía por su vida. Dijo que alguien de su sangre quería matarlo.” Pero cuando se le pregunta quién, baja la mirada. —“No me lo dijo. Pero… me pidió que escondiera una copia del testamento.” ¿Dónde está esa copia? [[Buscar en su habitación|HabitacionCamila]] [[Pedirle que lo entregue ahora|Testamento]] El libro es un ejemplar de El Conde de Montecristo. La última página está arrancada, pero entre sus páginas hay una nota doblada: “Ya sé lo del anillo. Esta vez no lo vas a esconder. Nos vemos esta noche.” La letra parece de mujer. ¿Qué hacer? [[Buscar la caja fuerte de Eliseo|CajaFuerte]] [[Volver al vestíbulo|Vestíbulo]] El detective se agacha para observar las marcas de barro. No parecen de botas gruesas. Son más pequeñas… como de zapatillas o pantuflas. Curiosamente, hay un ligero rastro de ceniza cerca de las huellas. En una de ellas, incrustada en el barro, hay una pestaña de oro… tal vez de un zapato caro. ¿Quién podría usar ese tipo de calzado? [[Volver al vestíbulo a observar a los presentes|Vestíbulo]] [[Ir a la habitación de Camila, la enfermera|HabitacionCamila]] La caja fuerte está oculta tras un cuadro en la biblioteca. Está abierta. Vacía. El famoso anillo de sello de Eliseo, símbolo del heredero, ha desaparecido. ¿Quién querría quedarse con él? [[Interrogar a Tomás, el nieto|Tomas]] [[Interrogar a Isabel, la hija mayor|Isabel]] Tomás se recuesta en el sofá como si todo fuera un juego. —“¿Yo? ¿Matar al abuelo? Por favor… me lo iba a dejar todo. Yo era su favorito.” El detective nota que el reloj de Tomás es de oro… igual que la pestaña hallada en la huella. —“¿Dónde estabas a las 10:17 p.m.?” —“Con… con Isabel. Hablábamos del testamento.” Pero Isabel ya dijo que estaba sola en el oratorio a esa hora. ¿Presionar a Tomás? [[Sí, está mintiendo|Acusación]] [[Esperar a interrogar a Isabel|Isabel]]Isabel está sentada en una esquina, murmurando oraciones. Cuando el detective se le acerca, levanta la mirada. —“No quiero hablar mal de nadie. Pero vi a Tomás salir del estudio, limpiándose las manos con un pañuelo. No parecía nervioso… parecía satisfecho.” Luego, se acerca y susurra: —“Mi padre me dijo que temía por su vida. Y que su asesino vendría vestido de cordero.” ¿A qué se refería? [[Volver al estudio a pensar en la metáfora|Estudio]] [[Reunir a todos para la acusación|Acusación]]En la cocina, la ama de llaves dice haber visto a Marina entrar al estudio cerca de las 10 p.m. Llevaba guantes. Y algo brillaba en su mano. ¿Seguir esa pista? [[Volver al estudio y buscar guantes|Estudio]] [[Interrogar a Camila, la enfermera|Camila]] La habitación de Camila es modesta. Sobre la mesita de noche, hay un frasco de somníferos y una vela consumida. En el armario, el detective encuentra unas pantuflas con barro seco en la suela. En el cajón inferior, una caja de madera con doble fondo. Dentro: una copia del testamento, la misma que Camila luego entregará… pero eso aún no lo sabe. ¿Llevar las pantuflas como evidencia? [[Sí, puede ser útil|Vestíbulo]] [[No, sería demasiado invasivo|Vestíbulo]] Camila entrega una hoja arrugada: “Dejo todo a quien sea digno de portar mi anillo. El que lo tenga al momento de mi muerte, será el verdadero heredero.” La pista es clara: quien robó el anillo, también quería la fortuna. ¿Estás listo para acusar a alguien? [[Sí, tengo suficiente evidencia|Acusación]] [[No, seguir investigando|Vestíbulo]] Con todos reunidos en el salón, el detective toma la palabra: —“He descubierto quién robó el anillo… y quién mató al Sr. Belmonte.” ¿A quién acusas? [[Marina, la hija menor|FinalMarina]] [[Tomás, el nieto|FinalTomas]] [[Camila, la enfermera|FinalCamila]] [[No puedo acusar a nadie aún|FinalInconcluso]] Marina niega todo… hasta que el detective saca los guantes, aún manchados de barro y perfume. Marina Confiesa. —“No por el dinero… sino por lo que nos hizo a mi mamá y a mí.” Fue un asesinato por venganza, no codicia. El detective acusa a Tomás. El nieto sonríe. —“Lástima. No estuve ni en la casa. Estaba con mi amante, en el hotel Plaza.” Tiene pruebas. Ha acusado al hombre equivocado. El verdadero asesino huye esa noche. Acusas a la enfermera. Pero Camila, entre lágrimas, saca una grabación. Eliseo le había dejado instrucciones para proteger el anillo de su hija, Marina. Era inocente. El asesino sigue libre. El detective guarda silencio. —“No puedo acusar sin pruebas irrefutables.” Esa noche, el caso queda abierto. Y el anillo… desaparece para siempre.